Rencor hacia nuestros padres: sanando las heridas del pasado

Rencor hacia nuestros padres: sanando las heridas del pasado

Redacción Editorial Phrònesis

Las vivencias de la infancia permanecen en nosotros como recuerdos que ejemplifican y dan sustento a la imagen que conservamos de nuestros padres durante la adolescencia y la adultez.

Una crianza llena de amor, seguridad y respaldo trasciende positivamente en una adultez plena, al igual que una infancia solitaria y de carencia afectiva puede formar adultos indiferentes y poco humanos.

A veces, el actuar negativo de nuestros padres no aparenta haber afectado nuestro desarrollo emocional y social a simple vista. Sin embargo, muchas personas llevan consigo un resentimiento silencioso en lo profundo de sus corazones con el nombre de una madre o un padre poco amorosos, un evento traumático o una decepción que abrió heridas todavía palpitantes.

Para el psicólogo Mark Sherman, los padres suelen ser los primeros candidatos para asumir la responsabilidad de habernos arruinado la vida. Ellos nos criaron, nos dijeron lo que debíamos o no hacer y para qué éramos buenos o malos.

Desde esta perspectiva, el rencor hacia los padres está muy bien justificado, ya que resulta muy difícil perdonar a alguien que ha jugado un rol tan determinante en la persona en la que nos hemos convertido.

“En todas las naciones del mundo se dedican millones de horas de terapia donde las personas aprenden cada semana las múltiples maneras en que sus padres esencialmente destruyeron cualquier oportunidad que tenían de ser felices”, comenta Sherman, quien luego nos invita a preguntarnos:

¿Es esto realmente justo?

La creencia de que nuestros padres arruinaron nuestra vida puede ser determinante para nuestro futuro. En realidad, aferrarnos a esta convicción puede afectar nuestras relaciones sociales y mermar nuestro desarrollo personal sin darnos cuenta.

Una victimización con orígenes en la infancia alimenta un sentir interior de desprotección. En otras palabras: no perdonar a nuestros padres y continuar culpándolos de nuestras desgracias hace de nosotros niños resentidos en el cuerpo de adultos frustrados.

Para Sherman, es evidente que cada circunstancia es única y no puede restarse importancia a las experiencias dolorosas que muchas personas atravesaron en la niñez a causa de padres irresponsables o emocionalmente incompetentes. Sin embargo, centrarnos únicamente en el papel negativo que jugaron nuestros padres y pasar por alto la influencia de otras personas solo alimenta el resentimiento haciendo imposible perdonar y pasar página.

“Si miras hacia atrás, verás que hay muchas personas que pudieron haber contribuido al hecho de que hayas salido lastimado o que se viera afectada tu autoestima”, explica Sherman. Entre esas personas: tus abuelos, tus profesores y tú mismo.

“Entre más odio acumules en tu corazón hacia el pasado, menos capaz serás de amar en el presente” — Barbara De Angelis

La influencia de tus abuelos

No solemos enfocarlo de esta manera (en especial si hemos tenido abuelos amorosos), pero fueron ellos quienes criaron a nuestros padres y, por ende, recae sobre ellos gran parte de la responsabilidad por lo que consideramos que estuvo mal en nuestra crianza.

Conocemos a nuestros abuelos desde el rol de una paternidad secundaria, pero no sabemos a ciencia cierta cómo educaron a sus propios hijos. En realidad, tampoco sabemos cómo nuestros bisabuelos educaron a nuestros abuelos, y así continúa una cadena generacional interminable de la cual no tenemos conocimiento y que, sin embargo, nos ha afectado en primera persona.

“Al final, te darás cuenta de que tu vida fue arruinada por una pareja prehistórica que inició la línea genética”, comenta Sherman. Y no es una forma de ridiculizar tu sufrimiento, sino de profundizar en los orígenes de su causa e intentar comprender a tus padres en lugar de condenarlos.

La influencia de tus profesores

No solo tus padres se encargaron de influir en tu sistema de creencias, hábitos y amor propio, tus profesores también fueron figuran esenciales en el proceso.

A través de ellos, aprendiste a descifrar el mundo y establecer verdades y mentiras, algunas de ellas relacionadas con tu propia valía personal, lo que es bueno o malo e incluso el rol que — se supone — debes representar ante la sociedad.

No es un secreto que las aspiraciones profesionales y artísticas de muchas personas se ven aniquiladas en la escuela por falta de orientación y apoyo del sistema educativo. Si el resentimiento que guardas hacia tus padres se asocia con tus propias aspiraciones profesionales, sería provechoso reflexionar si realmente es válido responsabilizar a tu familia de esto o si los motivos de tu rencor fueron consecuencia de múltiples intervenciones.

“El resentimiento no hiere a la persona hacia la cual mantienes esos sentimientos, sino que cada día y cada noche de tu vida te devora a ti” — Norman Vincent Peale

Pero somos los amos de nuestro destino, y los capitanes de nuestra alma

Cuando culpar a los demás no es suficiente, quizás sea momento de mirar hacia adentro y analizar tu propio comportamiento como posible causa de tu insatisfacción personal. Y de hecho, es muy probable que esta sea la auténtica raíz del problema, tomando en cuenta que has sido tú el encargado de tomar tus propias decisiones.

El pasado no puede ser modificado. Incluso si nuestros padres viven un estado de arrepentimiento sincero, no hay manera de que vuelvan atrás e impidan el dolor que nos causaron — como tampoco es posible que nuestros abuelos hagan lo mismo por ellos —.

Sólo tenemos poder sobre el presente. Tomar el control de nuestra vida comienza por adoptar una posición distinta ante los errores de nuestros padres donde dejemos de considerarnos víctimas de una crianza defectuosa y nos reconozcamos como actores principales y decisivos de nuestro destino.

Referencias: Psychology Today





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